
Espirituosas, la primera vez que escuché esta palabra fue como adjetivo para caracterizar bebidas alcohólicas en la boca de un pibe que ni recuerdo: ahora está mal visto beber, incluso un montón de la gente que bebe lo hace porque está mal visto. Pero peor visto está fumar, de hecho desde hace ya unos años no se puede fumar en casi ninguna parte. Hemos llegado no a la ley seca sino a la ley Ambi Pur. La dictadura de la nueva democracia –demagogia–. Es curioso cómo la gente que no tiene nada que hacer toca tanto los huevos.
Quizá intenten llevarnos a un mundo feliz donde todos ni beban ni fumen ni piensen ni amen ni toquen y mucho menos sonrían, así moriremos sanitos, sanitos, y la vida se nos hará jodidamente larga. Eso es lo que debemos hacer –nos dicen…, nos obligan–, hay que abolir al hombre, la familia, la religión, la libertad y sobre todo la esperanza.
A partir de ahora ya somos americanos –y luego dicen que les dan asco–, por que claro, después de haber enviado a tantos infelices a estudiar inglés fuera, nos están trayendo de vuelta la basura: todo se pega menos la hermosura. Vuelve a pasar como antiguamente, seguimos sometiéndonos al peor cacique. Pero, en fin, todo es por nuestro bien, dicen, no vaya a ser que pensemos y les mandemos a tomar viento fresco a algún perdido páramo de Alaska; lo cual no sería políticamente correcto, allí ya enviaron ellos a los pocos americanos de verdad que aún quedaban con vida.
Por lo tanto, como los propios valores de nuestras tierras ya no tienen significado para ellos, han decido seguir los pasos de las increíbles colonias inglesas del este y meternos por donde nos quepa sus esqueléticas doctrinas de santón barato o de cura progre. Seguro que detrás de todo esto hay alguna enfermiza mente femenina que no se llevaba bien con su santa madre y decidió tener gatos en lugar de niños.
Desde hace años, especialmente mi abuelo, me educó en el respeto a las personas concretas que tienes delante, por lo que siempre pregunto si al de enfrente le importa que fume, o mejor aún suelo informarme antes. Porque, sinceramente, poco me importa esperar un poco o un mucho para fumar un cigarro. Al igual que antes de tocar a alguien le pedía permiso, o antes de hablar esperaba a que el otro callara. Hoy en día te quitan el cigarro de una leche, te meten mano en cuanto pueden y te chillan en toda la jeta para hacerse oír.
Hoy en día nos acosan de mil formas distintas y nos maltratan de otras mil, como los cariñosos mensajes de los paquetes de tabaco: fumar puede matar…, claro, y vivir. De hecho, lo único seguro es que nos vamos a morir todos. No debes fumar, pero, eso sí, si quieres quitarte la vida tienen que ayudarte a que tengas una muerte digna. De hecho, a los que aún no han nacido ni siquiera les preguntan cuando quieren quitárselos de en medio, sobre todo si vienen con alguna tara: debe ser que algunos se han creído eso del super hombre y prefieren que no haya tarados en el mundo. Y, la verdad, no entiendo por qué: después de haber convivido con síndromes de Down, paralíticos cerebrales y disminuidos psíquicos no he visto a ninguno que fume, y sólo uno que bebía. Si todos fuéramos según su medida –tarados–, todos seríamos santos, pero entonces todos estaríamos muertos, porque habrían acabado con nosotros.
Hoy en día hay que tener el cuerpo perfecto –como sugieren algunos obtusos amanerados viciados de sincretismos maltrechos y tremendamente enanos–, todos debemos ser casi clónicos, tener hijos en probetas esterilizadas, saber inglés, no fumar y, a ser posible, no beber, renunciar a cualquier tipo de creencia religiosa –principalmente la Católica, lo mejor sería hacernos budistas, que no es religión–, y olvidarnos, principalmente, de ser fieles, leales y buenos amigos con los demás, exceptuando, naturalmente, al partido que requiera nuestros votos, o al gilipollas de turno que nos dice lo que hemos de hacer con nuestros hijos.
Por lo tanto, sinceramente pienso que es cierto que algunos estamos tarados: seguiremos fumando y bebiendo si nos da la gana o dejaremos de hacerlo si así nos place, seguiremos abriendo la puerta del coche a las chicas, respetando a nuestros mayores, teniendo hijos como la santa naturaleza indica y muriéndonos cuando nos llegue la hora, y lo que haremos sin lugar a dudas es amar y vivir libres, que para eso nos han parido.